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Conclusión El
Buda reconoció que no todos están preparados, o incluso capacitados,
para una vida centrada en la práctica espiritual intensiva. Los más se contentan con formar parte de un hogar, manejar
sus negocios, tomar parte en actividades sociales y divertirse. Él dijo
que no hay nada erróneo en que las personas gocen en y con sus familias,
en que posean bienes materiales o que gocen de la vida. Sin
embargo, El Buda enfatizó que el procurarse la propia felicidad no debería
llevarse a cabo a costa de ninguna otra persona. Tal felicidad será de
corta duración y, en definitiva, conducirá a nuestro propio sufrimiento.
A través de prestar ayuda y brindar felicidad, de forma incondicional, a
otros no sólo nuestra felicidad se verá preservada sino que se será
duradera. Cualquiera
puede observar que muchas de las enseñanzas aquí expuestas son de simple
sentido común. Desgraciadamente, no todos aplicamos tal sentido común en
nuestras vidas. Las enseñanzas aquí delineadas nos recuerdan cómo hemos
de conducir nuestras vidas, para nuestro propio beneficio, así como para
el de la sociedad en conjunto. La
cuidadosa observancia y seguimiento de estas enseñanzas garantiza
virtualmente la paz y la felicidad, tanto individual como para nuestra
familia y nuestra comunidad. Ello crea las condiciones para gozar aún de
mayor paz, tanto en esta vida como en vidas futuras. Y, para aquellos que
de forma sincera y diligente practiquen estas enseñanzas, la obtención
de la bendición última de Nibbana es sólo una cuestión de tiempo. El Buda nos ha mostrado el camino. ¡Nosotros
tan sólo necesitamos caminarlo!
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